Hace tiempo escribí ésto que dejo a continuación. Hoy lo traigo por el mero hecho de querer sentir que se puede volar libre; de encontrar entre esas líneas las fuerzas necesarias para levantar el vuelo y encontrar el camino en la niebla que vuelve a cernirse sobre mi oscuro corazón. Quiero probar a escribirlo nuevamente, a plasmarlo en papel y dejarme llevar.
Hoy quiero revivir las sensaciones que me dejaban un alma inquieta y un lápiz ágil. Hoy necesito volar entre las líneas de mis relatos imaginarios para sentirme por fin libre de espíritu…
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Tuviste un sueño en el que volabas libre, siempre buscando tu destino. Alzaste las alas majestuosas; levantaste el vuelo, te separaste de tu bandada y fuiste hacia el horizonte; sin mirar atrás, sin pensar en distancias ni en tiempos, siguiendo sólo las órdenes de tu corazón. Con cada batir de tus alas te acercabas más a tu sueño, y tu corazón latía cada vez más fuerte. En el camino, un mundo de nuevas sensaciones te daban nuevas y renovadas fuerzas. Al fin parecías controlar tu destino; al fin creíste que algo bueno y diferente sucedía en tu vida… y te sentiste feliz. Desbordabas alegría, juventud, pasión; por momentos, desfallecías, pero ese nuevo sol te calentaba y te hacía continuar. De noche, en los momentos más oscuros, tu luna te iluminaba, y en el horizonte, siempre, la estrella… esa estrella que te guiaba.
No te diste cuenta que a fin de cuentas eras sólo un pájaro en un mundo de pájaros; que has de permanecer en la bandada; que no se te permite volar libre. No te diste cuenta que el horizonte es inalcanzable; de que hay distancias y tiempos que no se pueden solventar; de que en este mundo el pensamiento y el destino pueden más que el corazón y los sentimientos.
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